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martes, 12 de junio de 2012

REFLEXIÓN


Necesito entrar donde habita mi esencia.
Donde el sufrimiento, encuentra su bálsamo.
Donde no existen los miedos, ni debilidad alguna.
Allí, donde me veo a mí misma,
en el espejo de mi ser.

¡Oh, Amor magnánimo!
Que me invades con tu presencia poderosa.
Infunde en mí tu aliento. ¡Dame vida!...
Porque fenezco.

Hoy me postro ante ti.
¡Ente supremo! ¡Divina esencia!
¡Dios de los mundos y de la Nada!
Recoge mis lágrimas en tu odre,
ya que "solo se amar".

Necesito de Ti, y a ti vuelvo.
Eres mi hálito en la desdicha, mi consuelo.
He buscado fuera, lo que solo puedo hallar dentro.

¡Mi Paz y mi Sabiduría!
Donde los porqués se disipan,
como la bruma ante el sol.
Por un instante, quise convertirme en un alguien
vil y despreciable, para no sufrir.

¡Pobre diablo!
No entendía que " soy lo que no soy".
Me quema la vida... siendo la fragilidad
de un suspiro, que se materializa en amor,
y al Amor vuelve.

Siempre dócil al redil de mis principios.
A lo que continuamente fui y seré.
¡Un alma enamorada del AMOR!

Y a ti, te digo:
Puedes romper mi corazón en mil pedazos,
hasta destrozarlo, pero te aseguro que invariablemente
se recompondrá, en los tiernos brazos de mi amada... 
LA SOLEDAD.

Y  donde hoy agoniza...
Mañana será revestido con la inquebrantable armadura del AMOR.

Soy un átomo de vida,
y eso nunca lo destruirás.
Porque el Amor es eterno, y el hombre
tan solo una bagatela, un capricho de dioses.
Un soplo fugaz que no torna.

12 de Junio de 2012.

viernes, 6 de mayo de 2011

REINA FENICIA

Tal era su dolor…
Que el mirarle, encogía el alma.
Apenas una tímida lágrima
salpicaba su rostro, torturado por la angustia.

¡Enmudecen las palabras!

Cuando el sufrimiento llega,
su látigo destroza hasta el mínimo
resquicio de consuelo.
Con alma abatida y corazón desecho.

Así contemplé a una mujer
que en su peor momento…
Deslumbraba entereza y saber estar.
¡Reina Fenicia! Que vienes a la orilla de la muerte.

Posa tus pies en la noble Cartago nova.
Tierra de sueños y de vida…
Monta el brioso corcel del destino,
Hasta Murciensis llegar, con el bocado de la tristeza.

Y en un justo mercadeo cristiano o judío…
¿Qué más da? Haz el trueque del dolor
por el de esperanza no marchita,
cubriendo el desánimo con el morisco velo.

Que deja ver unos ojos,
como el manto que abraza fiero sufrir.
Y heme aquí que yo vi…
A esta murciana, a esta mujer.

Frágil como un suspiro.
¡Fuerte como un Titán!
Por tus venas corre la sangre que te ennoblece,
y que por ti merece ser mujer, sólo mujer.


Recibe mi más sentido pésame.