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lunes, 11 de febrero de 2013

UNA EXTRAÑA PAREJA



Sras. Sres. Permítanme les cuente la historia de una bien llamada "Extraña Pareja", pues en verdad lo son.

Resulta que un buen día estaba yo como de costumbre, arreglando unas plantas de mi jardín un poquito descuidadas, por estas prisas de vida que últimamente llevamos todos, pero en fin...

Cuando observo con detenimiento a mi buen amigo y vecino D. Carnal, un gran chicarrón del norte de aspecto envidiable, pero eso si un poco entrado en kilos ¡ya que le gusta la buena vida! ¿Y a quien no?

Medirá unos dos metros, su aspecto aunque rudo y fornido alberga unos ojos claros (espejo del alma) que penetran tu hacer, y no te dejan impasible.

Los domingos con los amigotes se lo pasa bomba.
Del tute, a los bolos, el dominó, las cartas...etc.
Deportes todos ellos de gran riesgo.

Después vienen las cervezas, los aperitivos y como no las ricas viandas, que es lo que verdaderamente le hace feliz; entonces goza está en su salsa...con un gusto desmedido, diríase que vive sólo y exclusivamente para esto.(Hedonismo)

Bueno, sin comentarios cada uno es feliz a su manera.

Al lado de D. Carnal, puerta por medio vive Dña. Cuaresma, muy recatada y sumisa, cuya esbeltez hace que sea casi desapercibida su presencia. (Para verle mejor que pase dos veces).

Es una persona taciturna, cariacontecida, de pocos amigos y contadas palabras, su vida austera es de todos bien conocida.

Eso sí, educada y de porte elegante donde los haya.

Yo por mi parte venía observando que cada vez había menos flores en mi jardín, y pensé ingenua de mi..._"serán los pájaros que dan con ellas".

_¡Si, si, un pájaro sí que era!

Resulta, que me quedé agazapada entre los matorrales de mi jardín una tarde entera con ojo avizor...y sí, resultó fructífera la espera, pues ya al correr el manto cansado de la tarde entre dos luces, cuyos claroscuros predominan en bostezo de la noche...

Divisé una sombra enorme casi como un gigante venir hacia mí, o mejor dicho donde mi jardín.(Mil perdones).

Y acaeció que en un claro inesperado vi relucir unos preciosos ojos azules,¡ pellizco de cielo! en busca de una rosa blanca, después de pincharse sin querer dada la escasez de luz...

Por fin cogió una hermosa y pulcra rosa blanca.

_¿Para que la querrá? Me pregunté asombrada, y pronto salí de mi zozobra al verle depositar sobre el portal de Dña. Cuaresma, blandiendo un tierno beso por el camino.

Le reconocí por el andar garboso y firme, al igual que esa noble mirada adusta y serena.

_¡Vaya !M e dije, se nos ha enamorado D. Carnal y mira a donde fue a posar sus ojos...en Dña. Cuaresma ¿No había alguien más dispar? Me pregunto.

Pero ahora viene lo mejor:

Dña. Cuaresma si, la misma tan recatada y casta que no mira por no pecar...resulta que si miraba por la rendija de la ventana como éste Sr. dejaba la rosa todas las noches en su portal, para después cogerle entre sus manos y devolver el mismo beso que le venía encomendado a buen presente...

No sólo la fragancia de su aroma, sino el perfume inconfundible del AMOR.

Ese, que jamás debe pasar desapercibido por muy extraño que parezca su proceder.

¡Bueno! Esto se anima.

Así se sucedió durante semanas, hasta que llegado un día... Esta, Dña. Cuaresma le esperó despierta al pié de su balcón, y muy recatadamente le chistó: _"Chis, chis, chis".

D. Carnal distraído y torpe, miraba hacia otra parte,_ ¡Estos hombres! no dan una.

Ante su insistencia abrió un poco más la ventana y pudo ver la silueta de Dña. Cuaresma, tan recatada y mística como siempre; Con voz que más bien pareciese de ultratumba, le dijo: _¡Oh, D. Carnal, me siento anonadada ante tal deferencia por su parte, pero ahora no puedo compensar el detalle.

_"Venga después de cuarenta días y hablaremos".

D. Carnal enmudeció paralizándose la sangre que no le llegaba al cerebro, pues le quedaba muy lejos, asintiendo con la cabeza.

Él, por su parte siguió fielmente llevando todas las noches una rosa a su amada.

Y digo yo: _ " Seguro que son felices a pesar de su antagonismo, pues lo que a uno le sobra el otro adolece, y así se compensa con precisión absoluta la balanza de la vida".

"Y si Sr. fueron felices y comieron...
Lo que quisieron, claro está".
Yo me quedé sin rosas, pero mereció la pena.
Todo en esta vida se reduce a lo mismo,¡ EL AMOR!

Quien halle el equilibrio...halla la felicidad.

Dichoso quien encuentre a su Dña. Cuaresma y a su D. Carnal, siempre unidos en la armonía del ser y del querer.

 

 

 

Para aquellos en quienes prevalece el sentido común, algo que hoy en día escasea y mucho.

10/2/2013. Murcia,

 

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